Los primeros presidios españoles en el Norte de Nueva España

Una de las imágenes más repetidas en las películas del Oeste made in Hollywood es la de un fuerte hecho de madera donde se aloja un destacamento montado, normalmente del archiconocido 7º de caballería. Sin embargo, casi tres siglos antes de la aparición de estos puestos de frontera las autoridades del Virreinato de Nueva España tuvieron que acometer la protección de los caminos, poblaciones, caravanas y colonos que comenzaron a asentarse en la frontera Norte del Vierreinato de los ataques de las poblaciones indígenas.

El primer aspecto a clarificar sería el significado de presidio, ya que actualmente se asocia más con una cárcel o centro penitenciaro, muy al contrario su sentido en el siglo XVI. Se entendía como un presidio aquel puesto, más o menos fortificado, que se encontraba en la frontera, así podemos encontrar presidios en el Norte de África, en el Virreinato de Nueva España pero también en Italia.

Los primeros presidios surgieron a finales del siglo XVI en el marco de la guerra Chichimeca, un conflicto que se extendió durante la segunda mitad del siglo. Los continuos ataques de éstos al conocido como “Camino Real de la tierra adentro” tuvieron como consecuencia que el virrey, don Martín Enríquez de Almaza, ordenase la construcción de una serie de fuertes con una guarnición, futuras tropas presidiales, pagadas por la Real Hacienda y cuya principal misión fue la de asegurar el tránsito de personas y mercancías por el citado camino.

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Presidio de Jalpa 1576 (Archivo General de Indias AGI): Una de las primeras imágenes en la que aparece representado un presidio novohispano. Se puede ver como cuatro lienzos de muralla sirven para delimitar un espacio donde se alojaría la tropa, almacenes, establos oficinas y hasta una capilla – esquina inferior izquierda y presidida por un campanario – Además, en la esquinas de las murallas se levanta al menos un torreón. Es muy probable que junto al presidio hubiese una serie de obras exteriores, un foso e incluso un talud o empalizada, que mejorase su defensa.

Hasta ese momento las autoridades hispanas habían confiado la defensa estática de la frontera norte a Casas Fuertes o posadas que contaban con una zona reforzada, así que el tránsito por el Camino Real se hacía utilizando carros reforzados, mientras que las caravanas solían contar con una escolta a caballo.

Podemos considerar que los dos primeros presidios que se construyeron fueron los de Portezuelo y Ojuelos entre finales de 1569 y el mes de abril de 1570, inicialmente concebidos como una versión reforzada de las casas fuertes usadas en la defensa de las posadas. Correspondió su construcción al alcalde de Jilotepec, Melchor de Ávila, los utensilios y herramientas los proporcionó el intendente de edificios de Ciudad de México, la alimentación de los trabajadores correspondió a la cercana ciudad indígena de Tula, y lo que es más importante, la tropa fue reclutada y pagada por la Real Hacienda, suministrando para su protección “armaduras de cuero de res”. Posteriormente el virrey Enríquez ordenó la construcción de cinco presidios más, como da cuenta de ello el autor Fernán González de Eslava en su obra publicada en México en 1610 “De los siete fuertes que el virrey don Martín Enríquez mandó hacer, con guarnición de soldados, en el camino que va de la ciudad de México a las minas de Zacatecas. Para evitar los daños que los chichimecos hacían a los mercaderes y caminantes que por aquel camino pasaban”

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La imagen del ilustrador G. Albertini muestra una representación de un jinete español durante la guerra Chichimeca. La imagen original corresponde al Mapa de las villas de San Miguel y San Felipe de los Chichimecas y el pueblo de San Francisco Chamacuero (ca. 1579-1580) Donde se puede ver como cuatro jinetes cuyos caballos van cubiertos por una armadura de probablemente algodón dan escolta a dos carros para evitar que sean atacados por un grupo de indios “desnudos” (Chichimecas) Se puede apreciar como los jinetes llevan morriones y arcabuces.

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La escena abarca los pueblos de San Miguel de Allende y San Felipe, el valle y río de San Miguel desde su nacimiento hasta llegar a San Francisco de Chamacuero, situado en la parte inferior derecha del mapa. (Real Academia de la historia RAH. Relaciones geográficas del obispado de Michoacán, 09-04663, nº 13. El mapa acompañaba a la Relación geográfica de la villa de San Miguel y su jurisdicción, que no se conserva en el legajo. La Relación responde al interrogatorio (1577) enviado por Felipe II a las autoridades de las Indias) 

Estos siete primeros presidios, además de los de Portezuelos y Ojuelos, fueron los de Bocas, Ciena Grande y Palmillas, construidos bajo las órdenes del capitán Juan Domínguez y más al Norte del de Ojuelos. Los dos restantes fueron los de Cuicillo, situado estratégicamente para proteger el cruce de caminos entre México y Michoacán, y el de Paso de Nieto, en una bifurcación donde una parada de carros llevaba hasta las valiosas minas de Zacatecas. Por lo que se puede comprobar como estos siete presidios originales tenían una función básicamente defensiva, protegiendo los desplazamientos entre las principales ciudades de la zona norte del virreinato.

Durante la década de 1570 se fueron añadiendo nuevos presidios, con guarniciones de apenas una docena de hombre, con una estructura similar al de Jalpa (1576) y con objeto de defender diversas regiones de los ataques chichimecas. Así, por ejemplo, se protegió con tres presidios más la ruta entre México y Guadalajara, capital de Nueva Galicia. Otros fueron trasladados de sus emplazamientos iniciales, lo que en ocasiones produce grandes dificultades a la hora de realizar mapas con el emplazamiento de los presidios, ya que estos iban variando su emplazamiento de acuerdo a las necesidades y a la evolución de la misma frontera. El primer caso fue el de Tepezalá, fundado en 1573 y trasladado solamente dos años después a Aguascalientes. Este sería el primero de un sinfín de cambios de emplazamiento de los presidios, abandono de los más interiores o rectificación en la línea de despliegue de los mismos, como sucedió varias veces a lo largo del siglo XVIII.

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