AZULES y GRISES: Una historia de la Guerra de Secesión y sus combatientes españoles

El título del libro Azules y Grises Una historia de la Guerra de Secesión y sus combatientes españoles no refleja de por sí el contenido del libro en su dimensión completa, habida cuenta que, a través de sus digresiones oportunas, el texto va más allá del propio conflicto para dar una visión de conjunto de lo que representó España en Estados Unidos hasta el estallido de la propia Guerra de Secesión, porque España tuvo un papel fundamental en la génesis de la historia estadounidense, gracias a sus hijos, increíbles descubridores, exploradores y colonizadores de casi la mitad del territorio de Estados Unidos, desde los grandes conquistadores del siglo XVI hasta los exploradores, colonizadores y misioneros de finales del siglo XVIII, que incluso llegaron hasta la isla de Vancouver, en Canadá, con la constatación del castillo de San Miguel; personajes como el trampero Manuel Lisa y el explorador Antonio Armijo de principios del XIX cumplieron su papel en la construcción de esa joven nación. Una presencia española que le dio un santo, San Junípero Serra, una muestra de arte barroco en la fachada de la misión de San José, en Texas, y el origen, como montura, de lo que hoy es la silla de montar western.

Asimismo, en el libro se destaca el papel que, como nación, jugó España en la guerra de la independencia de Estados Unidos, a través de personajes tan  notabilísimos como Bernardo de Gálvez. Todos ellos, nuestros compatriotas, conformaron, a lo largo de más de tres siglos, lo que es Estados Unidos como una realidad política que, sin embargo, saltó por los aires en el mes de abril de 1861.

El relato aglutinador y conductor del texto es la propia guerra civil, descrita con una vocación esencialmente divulgativa y sin pretensiones, destacando algunos aspectos muy novedosos o desconocidos para el común de los lectores, como la presencia de Juan Prim durante algo más de una semana con las tropas de la Unión, y de cuya experiencia escribió un opúsculo con sus propias conclusiones, muy atinadas con la perspectiva de nuestro tiempo, y la presencia de aquellos españoles, o sus descendientes, en el conflicto, tanto en un bando como en el otro; españoles de sangre como el almirante, de origen menorquín, David Farragut y el oficial, hijo de madrileños, Luis Fenellosa Emilio, del 54.º de Massachusetts, la primera unidad afroamericana; o español de nacimiento, como el segundo teniente Carlos Álvarez de la Mesa, abuelo del general de la Segunda Guerra Mundial, Allen de la Mesa; También en el libro se hace mención al fino equilibrio que tuvo que realizar la diplomacia española ante el gobierno de la Unión, máxime cuando, desde la década de 1850, ya existía interés en Estados Unidos por la isla de Cuba.

En el libro se destaca la conciencia que la aún joven nación estadounidense  poseía de sí misma, estando llamada a ser la más poderosa de la tierra, al considerarse tocada por designio y voluntad divina, un destino manifiesto, un concepto empleado por el periodista O´Sullivan en 1845 y cuyo relato periodístico se convirtió en doctrina política. Asimismo, se narra en este texto lo que implicó la esclavitud en el devenir de la configuración social, económica y política de Estados Unidos, que supuso un elemento fundamental en el engranaje económico del Sur y provocó, por otra parte, un rechazo moral en el industrializado Norte; una libertad, la obtenida por la población negra tras el fin de la guerra, que no devino en integración hasta un siglo más tarde, lo que nos lleva a una de las varias digresiones del libro, en referencia a la unidad militar del capitán Anderson durante la guerra de Vietnam, un oficial negro al mando de soldados blancos y negros, todos mezclados. Una institución vil y abyecta que no dejaba de ser casi un anacronismo ya en aquella época, pues como tal estaba prohibida, por empeño de Gran Bretaña, en casi todo el orbe desarrollado, salvo algunas excepciones, casos de Cuba y Puerto Rico. Uno de los paladines para su abolición fue Giuseppe Garibaldi, quien estuvo a punto de haber intervenido en la guerra dentro de las filas del Ejército de la Unión con el grado de general, una leyenda viva en aquel entonces.

Dentro del análisis del conflicto en su vertiente exclusivamente militar, la Guerra de Secesión supuso una lucha en la que se emplearon las tácticas propias de las guerras napoleónicas pero con el armamento de su momento, es decir, de casi cincuenta años más tarde, por lo que todas las batallas resultaron verdaderas carnicerías. Este conflicto fue precursor del concepto de la guerra moderna, de la guerra total, en la que no se distingue entre los objetivos civiles y los puramente militares, no ha de repararse ni en medios ni en recursos para lograr la victoria, la nación y su sistema productivo han de estar a disposición de sus fuerzas armadas, siendo el fin perseguido la rendición del enemigo sin condiciones. 

Hay tres “libros” dentro de este libro; pero todos sus relatos están muy coherentemente entrelazados con el eje conductor del mismo, que es el desarrollo del conflicto fratricida que duró cuatro años, en el que España estuvo presente a través de sus hijos, pues nunca dejó de comparecer ante los grandes acontecimientos de la historia del siglo XIX, aunque solo fuera a través de sus vástagos; porque Estados Unidos, como se señala en las últimas líneas de este libro, es también Hernando de Soto, Núñez Cabeza de Vaca, Vázquez de Coronado, san Junípero Serra y Bernardo de Gálvez; Estados Unidos  es la nación más poderosa del mundo, construida y elevada gracias a personajes tan providenciales como lo fue su presidente Abraham Lincoln; una nación que para ser grande tuvo su génesis de épica y conquista, y que fue escrita, también, con sangre española.

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